martes, 3 de febrero de 2009

Saciando los sentidos

I
No puedo dejar de fumarme, sentir la llama latente que carboniza.
Pensar descansar en tus labios, me inhales lentamente consumiendo mis entrañas.
Mi cuerpo yace en el cenicero vació, me deshago esperando.
Tu no me tocas, no me hueles y sin embargo ya conozco la textura de tus labios,
Y sin darte cuenta prendes otro cigarro,
La tristeza me vuelve ceniza.
Soy solo una colilla en el cenicero,
Pronto soy acompañado por un filtro con mancha de labial.

II
Muero por tomar una copa de ti,
Decir cosas sin sentido por tu efecto,
Sentirte en mi sangre, hacerte parte mía,
Olvidar que existo,
Bebiéndote para recordarme,
Saboreándote por simple gusto,
Y borracho de ti, volverte a beber.

A la mañana siguiente veo las sobras que dejaron mi embriaguez
Sobre la mesa una botella vacía,
Mis sabanas manchadas de mi delirio.
Y tu no fuiste invitada a la fiesta.
III
Soy un perro obediente tras tus huesos,
Hambriento de devorar tu carne,
Sediento de probar tu esencia.
Dame una señal y te devoro,
Lameré tu piel hasta sangrarla,
Morderé tus nalgas,
Beberé la humedad de tu sexo,
Y si acabo royendo tus huesos; Que así sea.

Permíteme ser un animal contigo,
Digerir el acto en sí,
Y ya satisfecho,
Convertirme en hombre a tu servicio.